Ayer día 1
celebrábamos el “Día Mundial de la lucha contra el SIDA”. Todo iba bien más o menos bien en los años 70 y 80, cuando de repente
apareció el SIDA y todo cambió. Todos se
asustan. Cuando todo parecía iluminado, aparece el claroscuro de la vida…con
enfermedades. La epidemia de sida costó
aproximadamente 3,1 millones (entre 2,8 y 3,6 millones) de
vidas solo en un año, de las cuales medio millón eran niños. Desde 1988 se dedica el 1
de diciembre a la información sobre el SIDA. Para luchar contra él. Para vivir
en vez de morir.
Con el paso
de los años la situación se ha transformado. Aunque no se ha descubierto la
vacuna para prevenir el Sida, la ciencia médica ha desarrollado medicinas que
contribuyen a paliar, de alguna forma, la enfermedad.
Aprovechando esta celebración me
gustaría reflexionar contigo sobre uno de nuestros bienes más preciados: la
salud. A todos nos preocupa gozar de buena salud, sobre todo cuando la
perdemos. Los que se sienten más llenos de vida y de fuerza física
frecuentemente viven ajenos al valor real de lo que tienen y no miden los
riesgos o la posibilidad de perderlas.
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Para PENSAR Y COMPARTIR:
En nuestra sociedad, acostumbrados a ponernos
en manos de los médicos y a acudir al centro de salud o al hospital donde
tenemos de todo, olvidamos con frecuencia que cada uno somos responsables de
nuestra propia salud… Nos fiamos tanto de los medios de los que disponemos,
que “abandonamos” el cuidado de nuestra salud a la decisión del médico, mucho
más que a la responsabilidad que cada uno tiene de evitar las causas por las
que enferma.
¿Es la salud un derecho del que todos
disfrutamos? Desgraciadamente, no. Ha aparecido un nuevo problema, un gran
problema: los países en vías de desarrollo no tienen dinero para adquirir
esas caras medicinas... y los pobres, siguen muriendo.
¡Buenos Días!
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