jueves, 20 de marzo de 2014

EN LA FAMILIA, FUENTE DE CONFIANZA - Buenos Días 20 Marzo de 2014


«Aquel día, el padre llevó a su hijo a la oficina, para que conociera a sus compañeros y su lugar del trabajo. Mientras salía a hacer un recado rápido, le dijo al hijo que se quedara en el despacho dibujando sobre un papel y que no se moviera de allí, que pronto volvería.
No se sabe cómo, se inició un terrible incendio. Sonó la alarma, e incluso comenzaron a funcionar los difusores de agua, pero nadie se percató de la presencia del niño, que presa del pánico se refugió debajo de la mesa del despacho.
Las llamas y el humo rápido se propagaron; cuando llegaron los bomberos el fuego devoraba ya todas las plantas. El niño se acercó y abrió la ventana para pedir auxilio y llamar a su padre. Pronto los bomberos y el padre, que acababa de llegar, se percataron de los gritos del niño, pero el fuego no permitía acercarse a él. Pronto prepararon una colchoneta inflable para que el niño saltara. El padre le repetía, “hijo mío, ten confianza, yo estoy aquí, tú salta que no te dejaré caer”. El niño repetía con gritos que tenía mucho miedo y que el intenso humo no le dejaba ver a su padre. Después de insistirle repetidas veces, finalmente el niño dijo a su padre: “Papá aunque no te veo, sé que estás ahí y que me recogerás en tus brazos como cuando jugamos en el parque”; y el niño se dejó caer sobre la colchoneta; padre e hijo se fundieron en un abrazo, sin parar de besarse y con lágrimas en los ojos.»
La gran mayoría de nosotros valora la familia, por encima de cualquier otro valor. Pero la pregunta que deberías hacerte es si sigues confiando ciegamente en tus padres, abuelos y hermanos como el niño de nuestra historia. ¿En qué momento has perdido esa confianza…? Tal vez descubriste que tu padre y tu madre no eran las mejores personas del mundo, tal vez descubriste que tu hermano mentía constantemente para librarse de un castigo seguro; tal vez descubriste que el amor no es tan perfecto como creías cuando veías discutir a tus padres o cuando te castigaban injustamente,…
Ahora, que ya has dejado tu infancia, llega el momento de descubrir que la confianza en la familia es, por encima de todo, un reto a conseguir cada día. Aquí te propongo el entrenamiento diario:

Para PENSAR Y COMPARTIR:

  1. Di siempre la verdad
  2. Intenta ser lo más natural y espontáneo posible expresando tus pensamientos y sentimientos.
  3. Respétate a ti mismo y a los demás miembros de tu familia.
  4. No acudas fácilmente a amenazas, chantajes e intromisiones en las cosas de los otros.
  5. No te aísles, debes ejercitarte en el diálogo con tus padres y tus hermanos, en la generosidad, en expresar tus opiniones, tus dificultades y tus problemas.
  6. No dejes de cumplir las normas de convivencia que tus padres y todos los miembros de la familia os habéis dado.
  7. Intenta ser siempre comprensivo y tolerante con los otros y sus debilidades; todos las tenemos.
¡Buenos días!






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